Sobre Nosotros

Nostros con las colmenas

Esto no es una granja. Todavía no. Es un proyecto. Un sueño. Una determinación de vivir de acuerdo a ciertos principios. Pero todavía no es una granja. Lo mismo nunca lo será.

En 2014 dejamos nuestros trabajos para irnos a vivir al campo. Nuestra forma de solucionar la crisis en la que esta sumida la raza humana y consigo todo el planeta. Una crisis que no entendemos muy bien, no llegamos a comprender completamente ni sus causas ni sus consecuencias, pero sentimos que la vida que lleva la mayoría de la gente, la vida moderna, con su consumismo y su materialismo, no es una vida plena.


Vivir con poco, ser felices y regenerar la bioesfera. Nuestros objetivos se podrían resumir así.



La Granja

Descripción del terreno

Vivimos en el valle de Guadalest, rodeados por las sierras de Aitana, Serella y Jortá. Desde el terreno se contempla perfectamente Aitana, la sierra más alta de la provincia, impasible, a veces nevada. Entre estas tres sierras fluye el rio Guadalest, que erosiona el valle, transportando nutrientes y construyendo barrancos hasta que lo fuerzan a detenerse un momento en el embalse. Ahí vivimos nosotros, en la ladera oeste del Jortá, a unos 400 metros de altura. El barranco de la Font Mayor desemboca justo a nuestra derecha. La ruta circular, que tantos senderistas recorren, pasa por delante del terreno.

Las vistas son increíbles: cubriendo los pies del valle tenemos el embalse, una lámina de piedra turquesa que refleja y sostiene el castillo de Guadalest, a Beniardá y al Abdet a lo lejos.

El terreno está marcado por una fuerte pendiente, de incluso un 50% en algunos lugares. Si no fuera por los bancales, sería muy difícil transitar por él. No sabemos si hubo un tiempo en que todos los bancales disponían de su correspondiente margen de piedra, si fue así, tuvo que haber sido impresionante. Hoy en día sólo los márgenes de algunas secciones siguen en pie, y bastante deteriorados. Con una pendiente tan elevada las fuertes lluvias causan estragos: el agua se lleva consigo todo lo que encuentra, piedras incluidas, destruyendo márgenes que, fragmentados, ya no pueden retener el agua y aminorar su velocidad, lo que genera más destrucción de márgenes. Pasado un tiempo, hasta los bancales se desintegran y la ladera vuelve a transformarse en una recta inclinada por la que el agua corre a placer.

El suelo es calcáreo, la tierra blanca, limosa-arcillosa, poco profunda, necesitada de materia orgánica y de ayuda para frenar la erosión por medio de zanjas de infiltración (swales) o de cualquier otro método para derivar el agua.

El tipo de clima dominante en la zona, según la clasificación de Papadakis, es mediterráneo semiárido, caracterizado por la existencia de inviernos relativamente suaves y una estación seca bien definida (junio, julio y agosto).

La temperatura media anual es de unos 16.5º C, siendo el mes más frío el de Enero con una temperatura media mensual de las mínimas de 7.6º C. El mes más caluroso es el de Agosto con una temperatura media de las máximas de 29.0º C.

Nuestra zona de rusticidad es la 9. La temperatura más baja que hemos sufrido es -5ºC. Normalmente en cada invierno sufrimos varias heladas, no muy importantes, pero heladas de todos modos. El invierno pasado nos despertamos con Aitana nevada y una vez incluso llegó a nevar en el campo.

Estamos a caballo entre un clima de montaña y uno subtropical. No acumulamos suficientes horas de frio para plantar variedades tradicionales de cerezo, manzano o nogal y, sin embargo, debido a las heladas tampoco podemos cultivar árboles subtropicales como el aguacate, la chirimoya o algunos cítricos.

Al elegir un cultivo tenemos que informamos sobre las variedades, sus requerimientos en horas de frio y su resistencia a heladas. Algo que no hicimos cuando compramos la pobre lima, que las esta pasando canutas este invierno.

El verano de 2015, nuestro primer verano en el campo, fue uno de los más caluros de la década. Nos pilló de imprevisto, no teníamos nada preparado: ni pérgolas, ni zonas de sombra, los arboles aún no están crecidos. Trabajábamos un poco por las mañanas y luego, las tardes, las pasábamos en el embalse, bañándonos. Allí, sentados en una silla plegable a la sombra de un pino, sin ni siquiera poder respirar, decidimos ir siempre una temporada por delante.

Llegó un momento en que construíamos algo y el viento no tardaba ni dos semanas en desmontarlo. El avance de la caravana se lo llevó volando una noche, rajándolo. Todavía nos da algún susto que otro. A nosotros y a los animales.

El valle forma un cuello de botella donde el viento se acelera, llegando a alcanzar grandes velocidades punta. Las ráfagas son sobrecogedoras; en un día de viento te sientes desamparado y sólo puedes mirar a tu alrededor, esperando que un árbol salga catapultado hacía el espacio. No sólo hablamos de intensidad sino también de frecuencia. Desde mediados de otoño a mediados de primavera no hay una semana sin algo de viento.

La precipitación media anual en la zona es de 656.2 l/m². La mitad de estas precipitaciones ocurren en tres meses: octubre, noviembre y diciembre. Suelen ser lluvias de carácter torrencial; tormentas que descargan gran cantidad de agua en poco tiempo. En bastantes ocasiones las precipitaciones máximas en 24 horas han rebasado los 100 l/m². Estas lluvias devastadoras erosionan el suelo, y también pueden ser perjudiciales para las plantas, debido a que la saturación de los suelos arcillosos produce asfixia radicular.

En contraposición, tenemos una marcada sequía estival, en ocasiones de más de tres meses, que muchas plantas, sin riego, son incapaces de superar. El almacenamiento de agua se hace en este clima indispensable.

En resumen, encharcamiento en invierno y sequía en verano.

Existen dos microclimas principales perfectamente diferenciados: la parte sur del terreno y la parte oeste. La parte oeste, la solana, es más calurosa en verano y más ventosa en invierno. Básicamente agrava todavía más las, ya de por si duras, condiciones climáticas. Esta parte del campo es todo un reto, y va a necesitar de todas las estrategias posibles para conseguir ser habitable. La parte sur, sin embargo, es un poco más clemente: un cerro elevado la protege de los vientos de norte y, en verano esconde el sol algunas horas antes, lo que es un desahogo.

Por ahora intentamos colocar todos los elementos no vivos en la parte oeste: depósitos de agua, garajes, almacenes, etc. que ni sufren ni padecen.

En esta zona el fuego es una realidad palpable. En el verano helicópteros practican cómo recoger agua del embalse, por si acaso se inicia un fuego. No pasa año sin un susto. Del fuego y el pino carrasco se puede hablar mucho; ampliaremos información y opiniones en otros artículos. Hemos podado todos los pinos del terreno, así como limpiado las aciculas de pino secas, para prevenir incendios. Pensamos hacer lo mismo con los terrenos colindantes. En el sector del fuego nos gustaría hacer un seto alto de madroños para retardarlo en caso de incendio.

Recordemos que en la provincia de Alicante, los pinares de Pinus halepensis forman el 80 % de su superficie forestal arbolada. Aquí no somos una excepción. Algún olivo, algarrobo y almendro anecdótico, pero, sobre todo pino. Es una pena no contar con más árboles productivos. Por otro lado, tenemos total libertad a la hora de diseñar. El folio está en blanco.

El clima mediterráneo, en una tierra con una fuerte pendiente, sobreexplotada y luego deficientemente reforestada, crea las condiciones perfectas para incendios, erosión por fuertes vientos y por lluvias torrenciales. Como diseñadores debemos aplicar todas las técnicas concebibles para recuperar esta tierra y crear ecosistemas resistentes que cubran nuestras necesidades.

Importar materia orgánica

El mantra de la permacultura: “Añadir materia orgánica”. En un principio compramos compost y estiércol. Ahora preferimos importar de fuera la comida y la paja para los animales, que estos transforman en estiércol y compost ademas proporcionarnos subproductos como huevos y leche.

Trabajar con animales

Los animales pueden tener una buena vida y al mismo tiempo aportar algo al proyecto. Las cabras y las gallinas son capaces de modificar su ambiente, escarbando el terreno, eliminando malas hierbas, agotando las reservas de la maleza alimentándose de sus tallos tiernos, etc. Además, aumentan la fertilidad del terreno.

Triturar la maleza existente para generar materia orgánica.

No quemamos nada. Trituramos la maleza, arbustos leñosos en su mayoría, generando compost y materia orgánica, aportando nutrientes a los nuevos cultivos.

Restaurar los márgenes de los bancales.

Es un trabajo duro, pero reducir la erosión aminorando la velocidad del agua es absolutamente necesario.

Swales/depósitos de agua.

Primero infiltrar agua por medio de swales y segundo almacenar agua en depósitos. Estas estrategias reducen la necesidad de riego y nos proporcionan reservas de agua para la sequía estival.